martes, 10 de mayo de 2011
Hacia un encuentro de otredades entre filosofía y literatura
El espacio que se manifiesta entre escritura y lectura es constitutivo de placer, éxtasis, atracción. Tal deseo y anhelo de atrapamiento, de entrecruce efectivo, se distancia o pospone en el juego del lenguaje, en la medida que se dispersa y se convierte en devenir para Blanchot. Asimismo, la metafórica a la que recurre Sloterdijk para referirse a la condición humana de un hábitat que sustente la complementariedad diádica o en comunidades, refleja un efecto similar; quien desee seguridad frente a la exposición, a la incertidumbre, factualiza su propia inestabilidad, inhibiendo su estrategia de hábitat confortable al virtualizar su libertad. Esa condición de desplazamiento, ya sea en El Libro que Vendrá de Blanchot o en las Esferas de Sloterdijk proveen en común, una reflexión sobre el espacio poético o extático como arena del ser, siendo una propiedad del lenguaje la que hace posible el encuentro hacia delante o hacia afuera y el reconocimiento de otredad devenida en experiencia a la intemperie.
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